viernes, 2 de mayo de 2008

Desaparecida Martha


¿Qué habrás hecho, querida Martha, para merecer ese castigo, esa marginación? ¿Será por "sudaca", por mujer o por rebelde? Te he buscado y no te he encontrado. Bueno, sí, veo tu lindo rostro entre el de Forest Whitaker y el de Hugh Laurie en la versión española y tu cuerpecito serrano y tabasqueño en bikini, en una esquina de la versión gringa... pero ni en un país ni en el otro tu nombre aparece por parte alguna.

Hablo de los carteles de la película "Dueños de la calle" (Street Kings), la que protagoniza Keanu Reeves, y que recientemente se ha estrenado en todas partes. Como decía, tanto en la edición USA como en la española no encuentro impreso el nombre de esta mexicana chaparrita y dulce, aún de rasgos adolescentes pese a estar próxima a cumplir 25 años.

Hasta seis nombres de los machos del reparto aparecen en el cartel gringo, por sólo cuatro en el español, pero mi pobre Martha se mantiene oculta al cinéfilo. Tendrán que entrar al cine para verla un buen rato en pantalla y leer su nombre y apellido en los títulos de crédito.

Me pongo a pensar en la ilusión que le habrá hecho rodar en Hollywood y nada menos que con Keanu de cuerpo presente. Mudada a Hollywood le sale esto... y luego imprimen el cartel y la palabra Higareda (debe sonarles a chino a esos gringos) es olímpicamente ignorada.

Esto te pasa, Martha, mi vida, por no leer la letra pequeña del contrato, que debe decir que como mexicana, sudaca, chaparrita y mujer, sólo mereces salir como objeto decorativo en los carteles, haciendo bonito, pero importa un carajo quién seas. Basta con que exhibas o tu sonrisa o alternativamente tu bikini.

Digo yo que al menos en este país de mi pasaporte, donde acabamos de inaugurar un Ministerio de la Igualdad conducido por cierto por una señorita bastante atractiva (Igualdad genial, pero "¡vive la différence!"), deberían meterle un puro a la Fox por "desaparecer" a la única chica del reparto de este "thriller" sobrado de testosterona.

En fín, que espero que este mal primer paso no marque tu carrera y que llegues tan lejos en Hollywood como mi idolatrada Salma, aunque no se Martha si tienes la cabeza tan bien amueblada como ella, que antes de no aparecer en un cartel le sacaría los ojos al mismísimo Rupert Murdoch.

jueves, 24 de abril de 2008

No es festival para españoles

Cannes se alimenta de sí mismo. Un año más figuras que han triunfado en el festival, ya sea en la Sección Oficial o en las paralelas, vuelven a ser convocadas, con escaso espacio para la novedad, al menos en ese apartado rey, cuyos protagonistas suben la escalera del Palais des Festivals sobre una mágica alfombra roja. Este 2008, la cosecha incluye históricos ganadores como Clint Eastwood, los hermanos Dardenne, Wenders, Egoyan, Soderbergh, Walter Salles, Nuri Bilge Ceylan o Lucrecia Martel, y una única opera prima, aunque de un profesional sobradamente conocido como guionista, Charlie Kaufman.

Programar un festival como el de Cannes es a la vez mucho más fácil que la mayoría de los de inferior categoría, porque a todo el mundo le apetece estar allí, y a muchísimos optar a una Palma de Oro. Prácticamente se tiene acceso a todo lo mejor hecho en el mundo en los meses previos. El problema es que sólo una veintena de títulos cabe, y las presiones son numerosas, empezando por las franco-francesas. Luego, las de las coproducciones, los institutos del cine, etc... O sea, que es jodido.

El cine español nunca ha tenido un lobby poderoso. Apenas coproduce con Francia, y ello explica el bajo número de títulos que desde que tengo uso de razón y desde que empecé a visitar ese mítico certamen -hasta hartarme- han competido por las Palmas. Quizás alguno de ustedes piense que además es bastante malo, lo cual no voy a discutir, pero les aseguro que he visto verdaderas cacas encerrado entre las rojas paredes del Palais, junto a algunas buenas películas, claro.

Este año, de nuevo el desierto: ningún director español en los dos apartados principales, la Sección Oficial y Un Certain Regard. Incluso ninguno en la Semana de la Crítica. Habrá por lo que sé al menos uno (catalán) en la Quincena... pero me parece lamentable. No es nacionalismo. Para empezar soy vasco... Simplemente creo que no obedece esta ausencia a criterios de objetividad comparativa. Puede que un año no haya entre 100 películas española una realmente buena y digna de estar allá... ¿Pero un año y otro, y otro? No me parece que el cine italiano sea hoy por hoy mucho mejor que el español... Pues mira, dos películitas nada menos en la S.O. de esta 61 edición.

En Cannes, ahora y antes de que las películas las seleccionara Thierry Fremaux, lo español no cae bien, con la casi única excepción de Almodóvar y algunos inteligentes productores catalanes que se han buscado socios in-situ para colocar sus películas en apartados paralelos. Como consuelo, siempre reviso la documentación, esa letra pequeña en las fichas técnicas de los títulos a concurso, donde aparece que tras un director israelí, argelino, mexicano o taiwanés se esconde un coproductor francés que ha puesto sus euros y ha presionado a quien corresponda para que su peli sea vista con más cariño que las demás. Normalmente más de la mitad, cada año, tienen algún coproductor francés. Por eso siempre digo que Cannes es el Festival Internacional del Film Francés.

viernes, 18 de abril de 2008

El patinazo de Coixet

Me imagino que por mucho ego que pueda tener, en el fondo del alma de Isabel Coixet debe anidar si no el arrepentimiento al menos la duda respecto del acierto de meterse en Hollywood por la puerta falsa de este trabajo "de encargo". Su adaptación de una novela de Philip Roth, "Elegy", llega este fin de semana a las salas españolas dos meses después de ser lanzada con escaso eco en el Festival de Berlín y como primer estreno comercial, incluso antes que en Estados Unidos.

No es que trabajar con guiones ajenos sea malo por definición, incluso para directores con experiencia previa en la escritura. Hay ejemplos de todo lo contrario. Las últimas películas de Cronenberg, por ejemplo, son bastante mejores que la mayoría de las que él mismo escribió. El problema, en este caso, es que el guión de Nicholas Meyer, de quien recuerdo con mucho cariño su "Los pasajeros del tiempo", se queda muy corto, en lo dramático y lo sexual.

"Elegy" es la historia de un veterano profesor que tiene por costumbre seducir cada año a alguna de sus jóvenes alumnas justo al acabar el curso. En la novela original de Roth, "El animal moribundo", se justifica la profunda pasión que surge entre estos dos personajes por el sexo, en unas muy satisfactorias relaciones eróticas. Podemos encontrar referencias recientes a algo parecido en la excelente cinta de Ang Lee "Deseo, peligro", donde otra pareja de sentimientos imposibles se deja arrastrar por un laberinto sexual que acaba en amor ciego.

La diferencia es que Ang Lee pudo imponer su visión y se arriesgó a que -mostrando en pantalla esas intensas relaciones de cama- fuera censurado en China y en Estados Unidos padeciera la "maldita" clasificación "NC-17". Sin embargo, Coixet, quien por cierto en su día aseguró que "Elegy" sí mostraría esas imprescindibles escenas de sexo, posiblemente se topó con una compañía, Lakeshore Ent., que no estaba dispuesta a llegar más allá de la "R" y al final la película se le ha quedado coja. Porque nada explica o justifica el por qué de esa improbable relación de "amour fou" entre una veinteañera y un sesentón, que -a diferencia de previas aventuras del profesor- se convierte en una experiencia pasional y devastadora.

Tampoco ayuda el que las escenas de cama, nada explicitas, sean fotografiadas por Coixet en plan parkinson, como si quisiera de esa temblona manera transmitirnos lo que no le han dejado mostrar. Ojo, no estoy reclamando pornografía. "Deseo, peligro" no es pornográfica. Tampoco lo es, por ejemplo, "Infiel", pero en ambas el espectador puede captar perfectamente que las respectivas atracciones amorosas tienen un evidente origen sexual. "Elegy", aparte de aburrida, es demasiado "light" para resultar creíble. Tampoco hay que echarle toda la culpa a la directora catalana. Los primeros que patinaron fueron los de Lakeshore, que quizás pretendieron hacer más comercial una historia "de autor" (volvemos a pensar en "Deseo, peligro") que desde luego no tiene el menor atractivo para un público juvenil mayoritario. Y puesto que la adaptación de Roth sí podría interesar a una más minoritaria audiencia adulta, por qué no dotarla de alas de libertad suficientes para no desvirtuar el material original. Otros lo hicieron y les funcionó. Me temo que esta "ni chicha ni limoná" firmada por Coixet pasará rápidamente al olvido.

miércoles, 16 de abril de 2008

Una torpe invitación

Torpeza es la palabra que mejor resume, según mi opinión personal, "Todos estamos invitados", la última cinta de Manuel Gutiérrez Aragón, y la primera quizás de un cineasta español de dilatada trayectoria sobre la situación de violencia política en el País Vasco. Estuve en su presentación en Madrid, y agradezco al propio cineasta cántabro una frase que le voy a tomar prestada: "No hay que juzgar a las películas por sus intenciones, sino por sí mismas". Justamente, de eso se trata. Me parece loable que el prestigioso realizador, ex presidente de la poderosa Sociedad General de Autores y ahora de su fundación, se moje para denunciar la sinrazón del terrorismo, lo injustificable del tiro en la nuca a quien piensa diferente y se opone a la lucha de "liberación nacional", pero lo importante es lo que se ve en pantalla, hable de ETA o del efecto mariposa. Y ahí aparecen los problemas.

El primero es un guión que demuestra que trayectoria y fama no siempre coinciden con talento. Sorprende ver a Gutiérrez Aragón y a la actual presidenta de la Academia, Angeles González-Sinde, firmando un texto chapucero, obvio, que choca con la trayectoria de ETA, que convierte a un amnésico en aparente retrasado mental, hace que un habitual asistente a cenas de sociedad gastronómica donostiarra olvide que tiene una la víspera del día del patrón de su ciudad (y despida a su guardaespaldas) y pone a un cura a leer tranquilamente el periódico, sentado en una silla al lado del altar mayor de su iglesia...

Son torpezas dignas de un primerizo, pero no de dos profesionales de prestigio. Da la sensación de que tenían que apañar el asunto deprisa y corriendo y a otra cosa. No le han puesto pasión. No han investigado suficiente. No han cuidado los detalles. Y todo ello, cuando se habla de una realidad tangible, de unas situaciones que no son verdaderas pero pudieran serlo en cualquier momento, resultaba imprescindible.

Oscar Jaenada se esfuerza, pero choca con ese guión empeñado en transformar la confusión mental y posiblemente el dilema moral en un estado que roza la subnormalidad. Coronado es un tipo atractivo que ha conseguido en alguna contada ocasión ("La caja 507" y poco más) interpretar con cierta credibilidad, pero desde mi punto de vista nunca ha sido un buen actor y aquí también anda perdido por el mismo problema de base, su texto.

Finalmente, la realización de Gutiérrez Aragón es rutinaria, plana y de nuevo torpe. Se trataba de cubrir el expediente y punto. Simpatizamos con sus intenciones, pero hay algunas otras aproximaciones a la tragedia vasca con mayores alicientes cinematográficos, como "Yoyes", "Ander eta Yul" o "Días contados".

miércoles, 26 de marzo de 2008

Recuerdo admirado a Rafael Azcona

El talento de Rafael Azcona fue reconocido y reconocible. A él se deben la mayoría de las grandes películas del Franquismo y la Transición. Le consideraban el más popular de los guionistas nacionales, profesión de desconocidos. A pesar de ello brilló por su modestia. Muchos, incluido servidor, se han sorprendido ahora al leer o releer su cerca de centenar de referencias guionísticas. Estuvo en películas que atribuíamos a sus directores. No sólo en esas comedias de Ferreri o Berlanga que entroncaban con su vena humorística desplegada en el semanario de humor La Codorniz, sino también en intensos dramas. Azcona era un todo terreno, un discretísimo profesional que rivalizaba con Erice en huir de focos, festivales y entrevistas.

Imagino que en el caso del escritor riojano era algo intrínseco a su personalidad. No se consideraba importante y -sabio además de genio- era consciente de que son justamente los más necios y pretenciosos quienes menos merecen la admiración ajena. El mundo del cine está amueblado de vanidades múltiples, de envanecimientos ridículos, de tipos mediocres que se autocalifican de "Autores", palabra que cuando sale con mayúscula de la boca de quien así se considera me parece odiosa. En este panorama de niñatos que se creen genios antes de afeitarse a diario, de "maestros" cuyas recaudaciones -síntoma de desaprecio popular- no darían mi para pagar una cena a su familia, Rafael Azcona se conformó con trabajar y no hacer ruido, dejar que los demás se atribuyeran al menos parte de su talento. Sabía que la admiración que vale es la del cariño de quienes te quieren y con quienes compartes una película, una copa o un cigarro.

¡Qué gran lección nos ha dado hasta el último momento! Se ha ido por la puerta de servicio para evitarse el pornográfico espectáculo de trajeados vividores plantados junto a su ataud, mezclándose con sus verdaderos amigos. Nunca tuve el placer de conocerlo, pero estoy seguro que he aprendido mucho de él a través de sus películas, esas en cuyos carteles el apellido Azcona apenas se lee en letras pequeñas.

jueves, 20 de marzo de 2008

Interrogado en Miami

Ya estoy de vuelta a casa después de mi viaje a Miami y Cartagena. El primer aeropuerto, por cierto, posiblemente uno de los más concurridos del mundo, ejemplifica el peculiar sentido de los derechos humanos que tiene la Administración norteamericana. Mi vuelo era un Madrid-Miami i/v, pero la última semana la pasé en Colombia. Para regresar desde este país, tuve que pasar de nuevo lógicamente por Miami. Un tránsito de apenas 4 horas, sin salir del aeropuerto. Soy ciudadano español y mi pasaporte está perfectamente en regla (si no no me hubieran dejado entrar en USA el día 27 de febrero pasado), y junto con él llevaba mi pasaje de regreso a España. Bueno, el caso es que fui sometido a dos interrogatorios de sendos agentes policiales sobre cuestiones como "¿Por qué estuvo en Colombia?, ¿Dónde se alojó allí?, ¿A qué se dedica?...

Como entre pitos, flautas y colas andaba justo de tiempo, pacientemente respondí a los uniformados, por supuesto lo que me dio la gana. Incluso si fuese ciudadano norteamericano me molestaría tener que dar explicaciones a un policía sobre cómo y por qué me desplazo a otro país. Bastante tiene uno que aguantar con ser registrado, descalzado, manoseado... como para que deba dar explicaciones sobre su vida privada. Pero el caso es que no soy gringo y no pensaba quedarme en su bendito país. ¿Para qué quiere Bush saber el motivo de que una persona extranjera se traslade a un tercer país? Si sospecha que soy un peligroso narcotraficante internacional, que me registre de arriba a abajo, pero no tengo por qué dar explicaciones de mi vida a un funcionario de un país que no es el mío, en donde y con quien dormí en otro país, o detalles que en nada afectan a la seguridad o la salud de los norteamericanos.

Por supuesto, como les decía, no tenía ni vocación ni tiempo para hacerme el héroe y decir a los sicarios de un gobernante extranjero que no pensaba responderles, así que me limité a dar una versión aproximada de la realidad, datos naturalmente que nadie se molestó en comprobar.

Ese adalid de la libertad llamado George W. Bush, responsable de la muerte de medio millón de personas -según cifras conservadoras- desde que decidió para enriquecer a las compañías petrolíferas y de armamento invadir Irak hace cinco años, secuestrador sin orden de detención o juicio de ciudadanos extranjeros a los que encierra en ese limbo jurídico llamado Guantánamo, ha dado muestras sobradas de su nulo respeto por el derecho a la privacidad de sus ciudadanos, a los que puede espiar sistemáticamente llamadas o emails. Ellos -algunos-le votaron. Yo no, lo cual me exime de la vergüenza de tener un presidente y vivir en un sistema que tiene un perturbador tufo fascista.

martes, 4 de marzo de 2008

Postales desde South Beach

El Festival de Miami sigue discurriendo con mejor tiempo meteorológico que al inicio. Servidor se está dedicando sobre todo al cine iberoamericano, que tiene una sección propia competitiva y presencia en otros apartados informativos. Entre lo visto hasta la fecha, me quedo con la mexicano-española "La zona", la brasileira "Estomago" y la española "Bajo las estrellas". El cine argentino ha presentado varios títulos más o menos interesantes, pero yo al menos no he acabado de sintonizar con films como "El otro", "Encarnación" o "Cordero de Dios". También vi la opera prima de Gael García Bernal, "Déficit", que sabe quizás a poquito, pero para pasar el rato no está tan mal. Perdónenme la falta de rigor pero las críticas sesudas nunca han sido lo mío. Prefiero las reacciones viscerales o sentimentales... o entras o no entras, o despierta algún tipo de atracción lo que ves o empiezas a removerte en tu butaca, interrogándote por las motivaciones de quien rodó la película, y si con esas intenciones a veces buenas otra persona con más talento podría mejorar la cosa...

"Déficit" coincide con "La zona" -ambas de directores mexicanos (de adopción Rodrigo Plá)- en plantear el abismo de clases en su país, con una minoría afortunada que disfruta de una gran vida en las antípodas de la miseria circundante. Los personajes de Gael son jovencitos, cuates, que se drogan, beben, ligan y se divierten en una fiesta, mientras que los de Plá son familias en un barrio residencial que es una isla de abundancia y lujo "american style" contra la que chocan las olas de la pobreza. De manera que es un cine claramente más preocupado por lo social que por el intimismo reflexivo y familiar de las cintas argentinas.

Por su parte, "Bajo las estrellas" y "Estomago" son de esas películas que te reconcilian con el Cine, escrito con mayúsculas: historias poderosas y bien contadas, con humor y emotividad, originales y a la vez accesibles a cualquier espectador.

Del resto del festival, como saben es la primera vez que vengo, así que sobre todo observo y deduzco. No se cómo fue los 24 años precedentes, pero estos días veo que pese a la buena voluntad de muchos de los organizadores, voluntarios, gente de prensa, etc... se echa de menos la seriedad de un festival de los importantes: algunas ruedas de prensa se cancelan en el último momento, las proyecciones jamás empiezan a su hora, incluso sin que se espere a un representante de la película para que la presente. Varios de los cabezas de cartel anunciados no han aparecido: Bardem, Gael, Juliette Binoche... y otros ni siquiera han querido dar una rueda de prensa, por no decir entrevistas... Ni unos ni otros parecen tomarse el festival muy en serio. Pero bueno, la calle está soleada, animada, la playa cerca, las mujeres pasean su belleza y los "gays" sus músculos aceitados. Contemplar la fauna humana es un espectáculo posiblemente más apasionante que algunas de las cintas programadas. Así que no voy a quejarme demasiado...

sábado, 1 de marzo de 2008

Paseando por Lincoln Road

Es la cuarta vez que vengo a Miami, aunque la primera por el Festival Internacional de Cine, que este año celebra su primer cuarto de siglo. La ciudad más conocida de la Florida no está entre mis lugares favoritos del mundo. No puedo evitar contemplar sus más promocionados paisajes urbanos y playas como decorados de película o telefilm, recreaciones informáticas en tres dimensiones, para que las saquen en "C.S.I. Miami" o "Dexter". Detrás hay una de las muchas ciudades norteamericanas enormes, extensas, con casitas unifamiliares cuadriculadas por autopistas y un "mall" cada poco.

Hace años estuve cerca de tener un trabajo en esta ciudad. Por suerte, no salió. Obviamente hay muchos sitios peores, así que no voy a quejarme de estar aquí, ya que vine voluntariamente. Simplemente quería antes que nada transmitirles que no es el lugar fascinante por el que parecen soñar millones de personas, especialmente en América Latina. Si es cierto que pocos sitios como este tan llenos de contradicciones, pero también de tolerancia y respeto a la diversidad. El destino donde miles de norteamericanos van tras su jubilación y en espera del adiós en un ambiente cálido, el de los "homeless" que emigran acá como las aves al llegar el invierno, las calles por las que pasean los deportivos más espectaculares del mercado, las berlinas más lujosas y los todoterrenos más impresionantes, la capital del turismo "gay" del sur-este, la nueva patria de incontables emigrantes caribeños y suramericanos, un escaparate de bellezas femeninas de cualquier raza y nacionalidad... Todo esto y mucho, muchísimo más, es Miami.

El festival en sí mismo parece sumido en un etapa de celebración -cumple 25 años- pero aún más de cambio. Ha estrenado nuevo director, y me parece que busca unas señas de identidad más profundas. Esta es una ciudad de vacaciones, de diversión, de compras y frivolidad, pero algunos también quieren que sea de cultura y espectáculo. Imagino que no es tan fácil darle una personalidad, y atraer a la prensa y a un público joven. Hace un rato estuve en la proyección de una película brasileira, "O estomago", inteligente fábula sobre los placeres de la carne, la mesa y el poder, y la media de espectadores era de 35 años, lo que me dejó bastante sorprendido. También que la gran mayoría fueran anglosajones de clase media-alta. La prensa tampoco parece mostrar demasiado interés. A las 2 de la tarde acudí al único pase de prensa del día... Y vi la película yo solo en el cine. Es una experiencia no nueva (hace años en Cuba ví así unos cuantos clásicos nacionales en una sala del ICAIC para un ciclo que estaba preparando) pero sí ciertamente extraña y poco común para el común de los mortales cinéfagos. En fín, que en próximos días les daré más impresiones desde la fresquita en lo meteorológico Miami.

domingo, 24 de febrero de 2008

Siempre nos quedará Berlín

Berlín es un festival al que tengo un cariño muy especial... quizás sea, de los más grandes, mi favorito. Las razones son múltiples: Se celebra en una gran ciudad en todos los aspectos, cosmopolita, cuya vida no se ve condicionada para mal como pueda ocurrir con Cannes, con unos precios que no se disparan tan exageradamente como Venecia, muy bien organizado, manejable, cuyo mercado se celebra con relativa autonomía -en edificios diferentes que los de las proyecciones oficiales- sin incordiar al resto, y en una ahora capital (no hasta la reunificación alemana) cargada de historia.

Me gusta la Berlinale, aunque este año no haya sido nada espléndida en cuanto a su selección a concurso, más bien floja. Cosa rara, mis gustos personales coincidieron con los del jurado, al menos en cuanto al Oso de Oro. "Tropa de élite" era mi favorita. "Pozos de ambición" también estaba bien, pero la cinta brasileira de Jose Padilha, dura y rozando una moraleja cuasi fascista, pero a la vez me temo que demasiado realista, era más fuerte e impactante.

El "glamour" de la cosecha 2008 fue discretito, comparado sobre todo con años pasados. El calendario mundial ha cambiado, con el adelanto de los Oscars, y muchas de las potentes cintas de Hollywood que solían presentarse en Berlín ahora se estrenan antes en medio mundo. Del resto, tampoco nos ofreció un gran nivel. Demasiado título mediocre de puro relleno. Su director, Dieter Koslick, apostó esta edición -demasiado para mi gusto- por cubrir sus lagunas de programación con películas de músicos y sobre música, que le valieron la presencia de los Rolling o Madonna.

Me sorprendió constatar el gran gancho mediático que tiene ya Penélope Cruz, convertida en una de las grandes figuras de esta edición, a pesar de que "Elegy", la cinta norteamericana en la que la dirigió su compatriota Isabel Coixet, decepcionara a la mayoría. Escasísima la "química" entre la madrileña y Ben Kingsley, y aún peor el guión que obvia la carga sexual de la novela original de Roth, imprescindible en este caso para explicar el "encoñamiento" entre ambos personajes centrales, que en la versión fílmica uno no llega a entender.

Fuera, divertido el lanzamiento en el mercado de las dos películas de Steven Soderbergh sobre Che Guevara. La gente de su distribuidora internacional, Wild Bunch, montó un chiringuito con pintadas y carteles procubanos, y un par de carros de los años 50 con los que me cruzaba cada día en el camino del hotel al Berlinale Palast. Parece que les fue bastante bien en preventas de estas esperadas cintas -parcialmente rodadas en España- que seguramente tendrán un lanzamiento general en Cannes.

Ah... olvidaba otra de las virtudes de Berlín: su aeropuerto. Si uno llega a Tegel desde la T4 de Barajas es como salir del peor aeropuerto conocido al más cómodo. O mejor dicho, despegar de Barajas y hacerlo luego de Tegel es comparar infierno y paraíso. De algo diseñado por un arquitecto que debe odiar al transporte aéreo al más racional de los aeropuertos que yo conozco. En la T4 tardas 45 min en llegar a su sala de espera, en Tegel te deja el taxi en una puerta y menos de 50 metros te separan del punto de salida de tu vuelo. Evidentemente no podemos comparar el volumen de vuelos de uno y otro, pero la mentalidad tampoco tiene nada que ver. Y el pasajero lo sufre y mucho.

lunes, 4 de febrero de 2008

Grandeza y miseria de los peliculeros


Parecía que "El orfanato" se lo comería todo... pero no fue así. Una película pequeña, sin rostros conocidos, de presupuesto tirando a bajo, que casi nadie vio.... lograba este domingo los dos Goyas más deseados: mejor película y director. Formo parte de esa legión de no espectadores de "La soledad", pero las referencias de mis amigos son buenas. Sobre todo insisten en que aunque se trate de una película "de autor" no es aburrida, pesada o pretenciosa. Quizás lo mejor de esta movida sea que con suerte ahora los hermanos Morales se animen a reestrenarla.

"La soledad" hizo gala de su título en las salas. Se estrenó en junio, después de pasar por Cannes, pasando desapercibida. Se ha criticado que no tuvo mucha promoción, pero como periodista y ocasional promotor de películas y eventos, considero que tenía todo en su contra. Ni actores ni director conocido, sin tema especialmente original o polémico, sin premios... Es cierto que estuvo en Cannes -y de hecho por eso acertádamente se lanzó justo después- pero lo hizo fuera de la competencia oficial y por tanto su presencia apenas hizo ruido.

Yo siempre quiero creer que parte de la magia del cine consiste en que una buena película, pero buena de verdad, esa que enamora a un 95% de los espectadores, sale a flote y triunfa de una forma u otra, como cuando tiramos al mar un corcho. Ojalá sea este el caso de "La soledad" y su potencial público, el que no llegó a tiempo de verla o ni se enteró que la ponían o jamás llegó a su ciudad, tenga una nueva oportunidad de disfrutarla.

El triunfo sorpresivo -aunque no tanto, porque ya había logrado varios premios críticos previos- de la cinta de Rosales opacó al bendito "Orfanato" de Bayona, sin el cual la gala de los Goya de este año hubiese sido de caras largas y poca celebración. Gracias al éxito de esta opera prima los números del cine español no han sido de sonrojo.

La presidenta de la Academia, Angeles González Sinde, hizo un discurso entre poético y reivindicativo, en plan somos los mejores, ladran luego cabalgamos y esas cosas... No es que uno esperara autocrítica, aparte de que pienso que ésta debería sobre todo plantearse en las reuniones de los productores y en los despachos ministeriales. Pero creo que tampoco es bueno caer en el victimismo, en considerarse los mártires de la cultura. La cruda realidad es que muchos espectadores de cine no se sienten casi nunca atraídos por una película española, y al menos parte de culpa deberá recaer en quienes las hicieron y las hacen. Admito que asumirla no es tarea grata ni fácil.

Dejando aparte los comentarios descalificadores con motivaciones ideológicas antigubernamentales y cosas así, sostengo que otras lecturas críticas de la situación del cine nacional -desde luego la mía- vienen de quienes quieren mejorar lo que tienen y desean conservar de la mejor manera posible. No somos enemigos, aunque la señora González Sinde nos quiera unificar a todos. Lo que estamos pidiendo es que dejen de mirarse el ombligo y se pongan a trabajar por buscar soluciones. Ellos (la Academia), los productores, el Ministerio de Cultura... pero lo que no es de recibo es que las películas españolas que obtengan beneficios en salas se cuenten cada año con los dedos de una mano y sigan haciéndose un centenar largo, en buena parte subvencionadas, para que al final sólo las vean cuatro pirados insomnes a las 2 de la mañana en televisión.

Por lo demás, aunque faltaron figuras como Bardem, su novia "Pe" o Almodóvar, los Goya en su 22 edición tuvieron su "glamour" y hasta sorpresas fuera de guión, como lo del pobre Alfredo Landa, quien presa de nervios o emoción padeció graves lagunas mentales y verbales. No merecía esta despedida, pero a la vez quizás nos de una última pincelada de humanidad, de que además del talento que le ha adornado, finalmente no deja de ser un tipo corriente al que le flaquean las piernas y la mente se le pone en blanco cuando tiene un micrófono delante y centenares de personas enfrente mirando.

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