lunes, 13 de octubre de 2008

La mala memoria de Tony Curtis

Malos tiempos para todos. Sobre todo para los que ya no trabajan, y en los últimos años lo han hecho bastante poco. Por ejemplo, mi otrora querido Tony Curtis, uno de mis comediantes favoritos. El protagonista de "Con faldas y a lo loco", "Operación Pacífico", "El estrangulador de Boston" o "Adiós, Charlie" acaba de publicar un libro de memorias en el que canta las alabanzas eróticas de Marilyn Monroe y dice que fue la mejor amante de su vida junto a su actual esposa (declaración esta preventiva para evitarse una petición de divorcio que le acabaría de arruinar).

Al leer la referencia previa a la publicación del libro, esta misma semana, me he acordado de lo mal que hace unos años le caía a Tony mi adorada M.M.

Una de mis primeras entrevistas a una figura de Hollywood fue precisamente con Curtis, cuando rodaba en las afueras de Madrid una nefasta serie "B" llamada "Othello, el comandante negro". Sentados ambos en el campo, aquel día de principios de los 80, cuando le pregunté por Marilyn, su primera frase -se me quedó grabada- fue "Terrible woman", y luego me contó cómo el rodaje de "Con faldas y a lo loco" fue un infierno por sus constantes retrasos y caprichos. Obviamente no la recordaba con cariño, precisamente...

Pero bueno, el tiempo todo lo cura, y sobre todo -ya octogenario-, al pobre Curtis no le queda más remedio, para complementar la pensión, que escribir libros, y él sabe muy bien que contar intimidades de Miss Monroe vende mucho. Por eso ahora estamos hablando de él. Yo mismo lo hago.

La verdad es que la última imagen del actor norteamericano la publicamos de la mano del amigo Leopoldo Soto, cuando le hicieron un homenaje en Montreal, el pasado septiembre, postrado en una silla de ruedas... Pobre.

A ratos o siempre somos víctimas de los demás y de nosotros mismos. Marilyn lo fue demasiado pronto, Tony justo ahora. Yo prefiero recordar a ambos en aquella espléndida escena del maestro Wilder, cuando Sugar Kane (M.M.) intenta curarle a quien cree es el heredero de la Shell Oil (T.C.), en su yate, su insensibilidad hacia las mujeres. Es sin duda esa escena de "Con faldas y a lo loco" una de las más excitantes -y a la vez divertida- de la historia del cine. Puro sexo...

No se si Tony y Marilyn fueron tan buenos amantes. Eran jóvenes y bellos, y no tan tontos como para desperdiciar la ocasión. Siento, eso sí, que los momentos de placer que compartieron no resultasen suficientes para que él no acabara odiándola por sus problemas personales, insomnios y pastillas, que redundaron negativamente en el aquel rodaje de Billy Wilder. El cual -sin embargo- para mí es una de las mejores películas jamas rodadas y sin duda la mejor comedia. Así lo vieron en el American Film Institute, no lo digo sólo yo.

domingo, 5 de octubre de 2008

Constatación de la chapuza congresual

Ahora creo que ya podemos hablar, una vez terminado el famoso Congreso de Cultura Iberoamericano, coorganizado por España y México en este último país y dedicado al cine, sobre sus resultados, por encima de las primeras impresiones ya comentadas aquí mismo. Me temo que lo que hace unos días se veía venir es ya una evidente realidad.

No se muy bien cuáles eran las pretensiones de este evento. Quizás no las hubiera aparte de celebrarlo. En cualquier caso si lo que buscaban es algún resultado práctico, dudo muchísimo que lo logren, ni siquiera a medio plazo. Las conclusiones oficiales son una recopilación de las evidencias que todos ya teníamos antes. Resulta divertido que sean precisamente las "autoridades cinematográficas de Iberoamerica" quienes han elaborado este documento que dicta cómo deberían ser las cosas... justamente ellos que son quienes estaban y están en medida de hacerlas realidad, cosa que obviamente no han hecho, o al menos no han terminado de hacer, ya que ahora lo reivindican como pendiente.

Asumo que arreglar los problemas del cine iberoamericano no es algo sencillo, ni depende sinceramente de un congreso, dos o tres... Si los gobiernos de nuestra región no son capaces de ponerse de acuerdo sobre cuestiones más vitales que el cine, no vamos a pretender este otro milagro.

Lo que sí podemos y debemos achacar a los organizadores del Congreso de Cultura Iberoamericana es el haber es primero su "amateurismo" e improvisación, y el haber perdido una oportunidad de oro para lo que sí se podía haber hecho: promocionar el cine iberoamericano, que se hablara de él fuera de las páginas de determinadas publicaciones industriales o en la esquina inferior de las páginas de cultura.

Respecto de lo primero: Se anunció mucho y ocurrió poco. Iban a acudir muchas personalidades y quedó en reunión de amiguetes. Ni Bardem ni Amenábar, que estaban en lista, aparecieron, por sólo dar dos nombres. Podría este evento haber dado la imagen de unos profesionales de los diferentes paises unidos en favor de una idea compartida: crear un mercado común para nuestro cine. Junto a Banderas, que sí fue, hubiera sido bueno ver a Salma Hayek, a Darín, a Perugorría, a Talancón, a Luppi, a Sandino, a Eddie Olmos... y no sigo porque creo que saben por dónde quiero ir. Si al menos parte de los más populares talentos, y no hablo sólo de actores, hubieran acudido al DF todas las televisiones y las portadas habrían hablado y mostrado esa "quimera" (como hace pocos días dijo Darín) llamada cine iberoamericano.

Aún hoy si se visita la página oficial del Congreso, faltan los panelistas participantes en esos ambiciosos seminarios que se anunciaron completísimos y quedaron en reuniones (no sabemos de quien...) muy limitadas. Por ejemplo, podría referirme al que a mí particularmente más me interesaba: "Periodismo cultural y crítica cinematográfica". Supuestamente iba a hablar de "la cobertura en los medios del cine, cómo mejorar la calidad informativa en la cobertura sobre cine iberoamericano, la crítica cinematográfica en Iberoamérica, las transformaciones del periodismo cultural y la crítica de cine en los medios digitales, los blogs y nuevas formas de crítica, y nuevas visiones de la ética periodística para los problemas del mundo en internet" (esto es un resumen, quien quiera consultar los planteamientos previos íntegros puede leerlos aquí). Pero, siempre si nos fiamos de lo publicado en la web oficial, todo esto quedó en dos sesiones una titulada "El futuro de la crítica" y otra "Cobertura informativa del cine como industria y espectáculo".

Agradecería si alguien me dice quienes fueron los reconocidos panelistas iberoamericanos participantes, porque ni los boletines informativos oficiales ni la web del congreso consideraron interesante decirlo.

En fin, que este Congreso como nos temíamos días atras no ha servido de casi nada. Otra oportunidad perdida...

jueves, 2 de octubre de 2008

De los juegos florales al Congreso de Cultura

Los Juegos Florales han caído en desuso. Ya casi no se reúnen los rapsodas y poetas para lanzar al aire sus ripios. Ahora se llama Congreso de Cultura Iberoamericana y por primera vez se está celebrando en México, con el cine como punto de atención.

Mucho me temo que este evento va camino de ser un considerable fiasco, un paño caliente de rápido enfriamiento, una reunión de amigos a cuenta del erario público... Anunciado a bombo y platillo por las autoridades culturales españolas y mexicanas, su globo de deshincha hora a hora. De la primera lista de personalidades invitadas se han caído nombres importantes, aunque mejor esperar al final antes de contrastarla con la realidad.

No discuto la necesidad primero de reivindicar la existencia de una cultura común iberoamericana, que en el cine tiene una de sus manifestaciones más populares, y segundo de buscar la fórmula para que lo que nos une se convierta en un mercado. Por mucho que Wall Street tiemble, hay capitalismo para rato, y el cine es una industria que se justifica por el negocio y los beneficios. Hay que encontrar la manera de que los productos circulen por todos los países del área cultural iberoamericana y obliguemos a los norteamericanos a dejarnos un hueco en nuestras salas, logrando por supuesto que el público se familiarice con otros acentos y otros actores.

El problema es que tal y como está planteado y con los invitados que están acudiendo el Congreso que se celebra en el Centro Nacional de las Artes no va a representar el más mínimo avance en este terreno. Mucho funcionario cantará las alabanzas de sus respectivas fórmulas nacionales de apoyo al cine, pero ¿dónde está la verdadera industria, los productores, los distribuidores, los exhibidores? ¿Quién planteará o quienes aprobarán soluciones?

Invito a cualquier interesado en echar una ojeada a la página oficial del evento, donde la lista y los horarios de las mesas redondas, pero deben de tener tan poco claro quien participará en ellas que sólo en algunas aparecen los panelistas.

Todos los aficionados sabemos que la vanguardia de este negocio está en los creadores y sobre todo en los que dan la cara, los actores. Con excepción de Antonio Banderas, ¿qué otras figuras internacionales del cine latino están en Ciudad de México? Por supuesto muchas viejas glorias con escasísima representatividad en las taquillas, como Oliveira, Ripstein, Littin o Saura se han apuntado al bombardeo, pero y los que sí llenan las salas... ¿Donde están los "tres amigos", los Del Toro, Iñárritu y Cuarón, por no hablar más que del talento local...

Este martes se hizo una mesa redonda de actores. Veo la foto: Cuatro actores mexicanos, tres españoles y un urugüayo... ¡Vaya representatividad iberoamericana! Al menos Banderas justificó la presencia de las cámaras...

Si al menos éste fuese un evento que por su presencia de figuras populares (no de dinosaurios, con perdón) resultara mediático dejaría algún tipo de poso, pero aparte de renunciar a unas conclusiones creativas y con consecuencias a medio y largo plazo, también se ha renunciado -o por incapacidad se ha fracasado en el intento- a tener colorín.

Esperemos que alguien en las dos próximas ediciones anunciadas, las de Brasil y Colombia (en las que el cine previsiblemente no tendrá el mismo protagonismo que en esta), considere que aparte de los Juegos Florales hay que regar las plantas para que crezcan.

miércoles, 17 de septiembre de 2008

San Sebastián, desde lejos

Otro festival de San Sebastián que comienza y otra edición a la que no puedo acudir. Antes intentaba no perdérmelo. Era más fácil puesto que tenía casa familiar allí (es mi ciudad natal). Pero bueno, el tiempo pasa, la gente muere o se muda... Y ahora entre el trabajo y el alto costo de pasar 10 días allí, tengo que privarme.

Tampoco se acaba el mundo. Muchos años estuve allí y poco o nada ha evolucionado el certamen donostiarra. Ha crecido, el Kursaal es feo, mucha más gente, muchos más periodistas... La nostalgia es uno de mis pecados capitales, así que no voy a abundar en la bondad del tiempo pasado. Lo que no cambia es el optimismo visceral de sus organizadores. Mikel Olaciregui, su director, sigue diciendo que el donostiarra es el cuarto festival del mundo. Tengo mis dudas sobre si olvida a Sundance y Toronto, o se considera por delante de Berlín o Venecia. Ambas cosas son temerarias.

No puede dudar Olaciregui y su equipo que Toronto está considerado si no como el primero al menos el segundo (tras Cannes), y la prueba la tiene en que más de la mitad de las pelis que ellos han seleccionado en su sección oficial resulta que se estrenaron mundialmente en el certamen canadiense. Si, allá no hay concurso, pero lo importante no es si se llevan o no premio, sino qué festival logra la primicia de esos títulos.

Con permiso de Locarno o Rotterdam, podríamos discutir si el donostiarra es el cuarto mejor... de Europa, pero el "ranking" tampoco es tan importante. Si les hace felices autoconvencerse de que Donosti es el cuarto del mundo, adelante. Luego pueden decir que el txakolí es el tercer vino blanco mejor del universo y el funicular de Igeldo el más "chic" de la galaxia.

El caso es que mi ciudad es una de las más bellas de la tierra, que se come muy bien, y que hay mucho cine para ver y disfrutar. Eso es suficiente para pasarlo bien durante el festival. Si de veras quieren competir, tendrían que cambiar demasiadas cosas, y eso sería traumático para muchos, empezando por las fuerzas vivas de la localidad.

De la cosecha de este año, sin embargo, debo felicitarles por haber conseguido la última cinta de Kim Ki-duk, un peso pesado del panorama festivalero, que no acabo de entender por qué no estuvo estrenándola en Venecia o Toronto. Si pensamos mal, podríamos deducir que su "Dream" no hay por dónde agarrarlo, pero el mundo del cine y sus relaciones son muy complicadas, así que mejor me espero al pase de la peli en el Kursaal antes de aventurar el motivo del éxito donostiarra.

Personalmente, sigo lamentando que sus seleccionadores apuesten de nuevo por Europa (ahora también por Asia), porque a eso ya juegan los dos festivales antes citados y el resto. Si yo fuese el responsable jugaría la carta iberoamericana. En ese terreno sí que se puede ser ganador y acaparar estrenos mundiales, que es de lo que se trata, por si no lo saben.

También hay que felicitarles por Meryl Streep... Por fín no hay restos de serie para el Premio Donostia. El palmarés de estos últimos años salvo excepciones era más bien lamentable. De Antonio Banderas no voy a decir nada, porque es una bellísima persona y se merece todo lo bueno que la vida le conceda.

Aunque de lejos, seguiré atento al certamen donostiarra, porque ha sido parte de mi vida, parte importante.

domingo, 7 de septiembre de 2008

San Ernesto Guevara

Este fin de semana fui a ver "Che: El argentino", a sala llena (no era muy grande), lo cual fue toda una satisfacción. El estreno de la primera entrega del díptico de Steven Soderbergh sobre Ernesto Guevara, primero comercial tras el lanzamiento mundial en Cannes, ha hecho bastante ruido en España, país que en buena medida ha financiado la doble "biopic". Lo pasé bien, aunque no sea una obra maestra y se eche de menos una mayor distanciación crítica hacia el personaje histórico retratado.

Y es que "Che", al menos en su primer capítulo, es una hagiografía en toda regla, un canto a la personalidad heroica del revolucionario sin patria, con un alto sentido del deber, humanista, justo y justiciero... y hasta guapo. Me recordaba a aquellas películas de vidas de santos que veía en los bajos de la catedral donostiarra del Buen Pastor, complementarias a la catequesis. Al Che de Soderbergh sólo le falta hacer milagros... suponiendo que la toma de Santa Clara no lo fuera.

Guevara es un personaje histórico muy interesante y es difícil no simpatizar con su lucha, pero hubiera agradecido algún detalle "negativo" o al menos dudoso, oscuro, ambiguo... Sin embargo, el único vicio del Che Benicio son los benditos habanos... A su lado tiene a la amantísima Catalina Sandino, que bien merece unos cuernos, pero el comandante sólo piensa en la familia de dejó en México y no muestra debilidades humanas, alguna tos aparte.

Me encantó Demián Bichir, que ha trabajado con virtuosismo la recreación de Fidel, borrando su propio acento mexicano para adquirir el tono monacal del comandante supremo. Puede que fisicamente no se parezcan tanto, pero con esa voz te lo crees desde el primer minuto.

Quizás esta muestra de cine bíblico-revolucionario se salga un poco de la vía apologética con el personaje de Camilo, en el que se atisba simpatía y humor, o sea humanidad, frente al resto de los apóstoles. Ha sido el venezolano-chileno Santiago Cabrera el encargado de dar vida a Cienfuegos. El casting, una especie de "Iberoamerican All Stars", es de lo mejorcito de la película, aunque en algunos casos patine el acento. Sobre todo en el brasileiro Rodrigo Santoro (Raúl Castro) o la española Elvira Mínguez (Celia Sánchez), pero también se echa de menos un soniquete más argentino en Del Toro-Guevara, que -aparte de decir "Che" profusamente- suena siempre a caribeño.

Pero bueno, la película se disfruta, sobre todo si como yo dejaste parte del corazón enterrado en Cuba, y además, nadie es perfecto... salvo el Che...

miércoles, 3 de septiembre de 2008

Cine de autor y otros demonios

El cine de autor está en crisis. Sí, ya sé que su situación si exceptuamos una década a caballo entre los 60 y los 70 nunca ha sido boyante, pero ahora diversos síntomas muestran señales de putrefacción nada tranquilizadoras. Desaparecen o se concentran productoras, se reduce su mercado, menudean los espectadores, los festivales no encuentran buena materia prima...

Lo primero sería definir qué es o qué entendemos por cine de autor, una polémica tan vieja como la del cine independiente, que es una forma moderna de llamar a casi lo mismo. Se supone, o así lo entendíamos en mis tiempos de cinestudios y arte y ensayo, que es cine de autor el de aquellos cineastas que disponen de la máxima libertad creativa, la cual no queda mediatizada por un estudio o un productor. El problema surge cuando algunos directores alcanzan tal poder que se convierten en sus propios productores, y negocian de tu a tu con los financieros hasta conseguir abultados presupuestos que no difieren de los que de las superproducciones diseñadas como simples productos destinados a alcanzar rápida rentabilidad. Hablo por ejemplo de un Spielberg o un Cameron. En el extremo opuesto nos encontramos con otro palo en la rueda de nuestra definición: la de aquellos productores-autores que acaban mediatizando a sus directores y se empeñan en meter mano en guiones, castings o campañas de promoción. Estoy pensando en Querejeta, por ejemplo, cuando se peleó con Erice por "El sur".

En cuestiones de cine, amigos míos, hay pocas verdades eternas, escasas certezas y definiciones nada universales.

El otro día leía una anotación en el blog de Peter Bart, editor de Variety, sobre lo que ellos llaman "Art House Movies", equivalente a nuestro cine de autor, en el que las calificaba como "especie en peligro de extinción". Y es que las cifras de taquilla bajan cada año para esos títulos, ante el desinterés del público. Ahora mismo estamos viviendo en Venecia la mala acogida recibida por la mayoría de las películas presentadas, que podríamos situar en ese mismo género.

Hay demasiadas circunstancias negativas: Escasea la audiencia, se multiplican los nuevos autores que graban cualquier cosa con su cámara HD, los viejos dinosaurios han agotado su talento pero siguen copando muchos espacios, y quedan demasiado lejos las fascinantes obras de los directores italianos, franceses o independientes americanos de los 60 o los 70.

No podemos pedir al aficionado, sobre todo a los más jóvenes que se han criado en la teta derecha del videojuego y la izquierda del videoclip, que soporte espesas contemplaciones del ombligo o plácidos crecimientos de la hierba en las puestas de sol. Entre todos la mataron y ella sola se murió.

En el fondo, al cine de autor le pasa igual que al de los grandes estudios: el talento se hace cada vez más raro. Falta interés en las superproducciones repletas de efectos digitales y escasea entre los autores. Quizás la diferencia radique en que a las primeras les basta con llenar salas el primer de semana y con ello se dan por satisfechas, y en cambio a los segundos les importa un carajo lo que opine el público, porque ellos están por una parte subvencionados y por otra más que convencidos de haber hecho una obra maestra. Siempre habrá un par de críticos estructuralistas que encontrarán arte donde sólo los demás sólo vemos un soberano coñazo.


sábado, 9 de agosto de 2008

Chicas de Lviv

Estoy en Lviv, Ucrania, una ciudad de la que hace un mes ni conocía su existencia. ¿Que qué hago aquí? Bueno, sería largo de explicar... Soy un animal de costumbres con una periódica doble personalidad aventurera. Me encanta una vida monótona y tranquila, hasta que decido ayudar al guionista de esta puta vida a dar un giro inesperado. Al fin y al cabo esa es la sal de la existencia, un libreto anónimo para una película en la que actuamos por intuición, pero que va volviendo interesante, ya que la trama es cambiante e imprevisible. Me dirán que el final lo conocemos todos, pero yo soy de los que piensan que parte del interés de llegar al desenlace está en el qué pasará luego, si habrá secuela o "remake", cuando terminen los títulos de crédito y se enciendan las luces de la sala.

Aunque advierto que hoy no les hablo de cine, porque mi presencia en esta hermosa ciudad ucraniana, centroeuropea, con una larga historia de posesiones polacas y austro-húngaras, nada tiene que ver con el Séptimo Arte, sino con vacación y locura, con la búsqueda de una quimera. Lviv, en este agosto, estalla de luz y de vida. Sus habitantes llenan las calles, rodean los monumentos de estilo neoclásico, las iglesias de cultos católicos polacos y ortodoxos, disfrutan de los bulevares y las avenidas, se sientan en las terrazas de los bares repletas de flores... Pero sobre todo, para mí, Lviv es el escenario para una diaria recaída en el mal de Stendhal, el doloroso disfrute de un espectáculo artístico que no es séptimo, sino primero: las mujeres.

Lo siento, puedo parecer prosaico, pero desde mi tierna infancia he considerado al elemento femenino, con todas sus contradicciones e inexplicables comportamientos, como un espectáculo de belleza y gracia. además de una presencia necesaria para la felicidad (e inevitable infierno de dolor en ocasiones). Mujeres hermosas las hay en todas partes. Lo que diferencia un país o una ciudad es la cantidad y la calidad. Y aquí, ambas son supremas. Las ucranianas sólo son comparables en belleza a colombianas o venezolanas, aunque obviamente en un estilo bien distinto. Aquí tienen -además- gracia y elegancia, a veces sencillez, a veces sofisticación, pero siempre encanto.

Disfruto sentándome en una terraza o en banco de un paseo, y viéndolas pasar, solas, en parejas o grupos, con los novios, maridos o niños... Preciosas ninfas de largos y lacios cabellos rubios, morenas con flequillo y narices respingonas, jóvenes de rasgos eslavos o de simple e indefinible belleza sin patria de la que llena las revistas de modas, ojos de gatas, largas piernas de modelos de pasarela, en ocasiones redondas curvas mediterráneas... Un regalo del cielo o del guionista de mi vida por el que estoy francamente agradecido.

Ni que decir tiene que me conformo con mirar y suspirar. Por costumbre y porque aquí todas o casi todas no saben inglés y sólo hablan ucraniano o ruso. Además sería turbar su tranquilidad y quizás romper el encanto de lo bello e inalcanzable. Me conformo con miradas furtivas, contemplaciones a distancia, fantasías e imaginaciones de lo que nunca ocurrirá... o como diría Julieta Venegas... de lo que no merezco o quizás sí, pero aunque yo quiera, ellas no.

viernes, 8 de agosto de 2008

Humo, alcohol y ambiciones

Acabo de terminar la primera temporada de la serie televisiva "Mad men", creada por Matthew Weiner. He de reconocer que llevo unos meses sumido en la adicción a las series... a las buenas, quiero decir. Sin embargo, asumo que el grado de "enganche" que pueden crear no debe diferir del que sufren las amas de casa o las jovencitas que no se pierden un capítulo de los culebrones latinoamericanos. No sé muy bien como empezó... Quizás fuese por culpa de "A dos metros bajo tierra". La familia Fisher se convirtió durante cinco temporadas en gente tan próxima como mi propia familia. Cada uno de sus miembros tenía algo entrañable para mí. Me reconocía en sus miserias, alegrías, errores y triunfos. La gran virtud de las buenas series, y ahí creo que nadie mejor que la última hornada de guionistas y productores norteamericanos desde principios de este siglo, es que son tremendamente creíbles por su humanidad y realismo.

Lo mismo le pasa a "Mad men", un retrato de personajes en una época de trascendental cambio de costumbres, los años 60. Creo que se pasan un poco con los cigarrillos (todos fuman, incluso las embarazadas...) y algo con el alcohol (chupan whisky como secantes), pero la reconstrucción de la época es brillante, así como su "casting". Sin embargo, lo mejor son sus guiones, en los que se refleja la mediocridad, la grandeza, la villanía, la ambición, la debilidad, el miedo, las contradicciones... todo eso que somos como personas y que no ha cambiado en 40 años... o quizás en 40 siglos.

Si nos fijamos en las grandes películas de Hollywood -y hoy la televisión de ficción después de décadas de ser puro entretenimiento vacuo se ha convertido en heredera de su mejor época- basan su éxito en su universalidad. Nada más universal que el ser humano. Por encima de nacionalidad, religiones y costumbres somos iguales, nuestras pulsiones son intercambiables. Estamos hechos del mismo barro, a ratos hediondo, a ratos brillante. Y de ese tintero sacan sus líneas los guionistas de "Mad men".

Hoy leo que los "creadores" de la serie (?), que emite en USA la cadena AMC y en España Canal Plus y pronto Cuatro, adaptarán en formato de serie la cinta de Coppola "La conversación", y mantendrán la época (mediados de los 70) de la trama original. Espero ansiosamente el resultado, aunque por ahora aguarde mucho antes la segunda temporada de "Mad men", que acaba de empezar al otro lado del charco.

sábado, 19 de julio de 2008

La pervivencia de los mitos

Llega un nuevo "Batman", dicen que interesante (lo veré en pocos días) y se preparan al menos un par de proyectos sobre Sherlock Holmes. La mitología no cesa. Homenaje o plagio (o más bien simple negocio), regresan una y otra vez personajes del pasado, de las infancias, a veces sin el más mínimo atisbo de respeto.

Y cuando esto ocurre, normalmente el fracaso les acompañan. Lejos de mi intención y mi trayectoria vital parecer racista, pero muchos quedamos impactados al ver a Jim West convertido en Will Smith, seriamente disgustados al contemplar a Meteoro en un cocktail intragable de colores y animaciones 3-D o -hablando de Batman- al justiciero de negro, y a su "socio" Robin en una especie de pareja "gay" según Joel Schumacher. Está claro que el error no es de punto de partida, sino de desarrollo y resultado, y quisiera dejar claro que se puede desmitificar o caricaturizar a nuestros más queridos personajes, pero sin maltratarlos a ellos y a sus "fans". Un buen ejemplo es "La vida privada de Sherlock Holmes", de Billy Wilder, que humaniza con el arma de la ironía al estirado personaje de Sir Arthur Conan Doyle. También es estimable el cambio de timón en las aventuras de criaturas tan inagotables como 007 (véase "Casino Royale").

Particularmente, me sorprende bastante el empeño de los estudios norteamericanos por rescatar héroes del pasado de los que las nuevas generaciones tienen pocas referencias. Estoy pensando por ejemplo en el ya citado "Meteoro" o en el "Super Agente 86". Es evidente que Hollywood se mueve por criterios propiamente marketineros, y una de las reglas del negocio es buscar la familiaridad del consumidor con el producto. De paso, los propietarios de los derechos de aquellas vetustas obras de los años 60 pueden aprovechar para reeditarlas en DVD o revenderlas a las teles del mundo, y negocio redondo... Lo que ya no tengo tan claro es que los originales receptores de esos productos sean aún el mercado natural de las nuevas versiones. Cuarentones o cincuentones apenas pisamos los cines.

Si se dan cuenta, los mitos primero vinieron de la literatura (Tarzán, Sherlock Holmes, los Tres Mosqueteros, James Bond...), luego del cómic (Batman, Supermán, Flash Gordon y la factoría Marvel...) y ahora finalmente de la tele. Quizás el día de mañana aparezcan nuevos héroes creados para internet. Si todos ellos acaban o permanecen en el cine será que el Séptimo Arte, a pesar de las pantallas de plasma y el olor a palomitas de maíz, sigue vivo.

jueves, 26 de junio de 2008

Pedro y la Pérfida Albión

Pedro Almodóvar ha respondido al crítico de The Guardian que le culpó de "monopolizar" la distribución internacional del cine español. Acabo de leer ese texto y sólo al principio y de pasada Paul Julian Smith cita al manchego, para luego comentar algunas de las cintas del Festival de Cine Español que se ha desarrollado en la capital británica. Tan exagerada es la afirmación del columnista inglés como la respuesta de Pedro, por un simple rasguño en el fondo no tan malintencionado.

Obviamente a cualquiera con dos dedos de frente se le ocurre que ni Pedro Almodóvar ni Martin Scorsese tienen mucho que ver con la distribución de sus películas por el mundo. Las hacen, y por lo bien que las hacen -o las han hecho- son compradas y estrenadas. Ni ellos ni ningún otro cineasta, incluso siendo a la vez productor, tiene la potestad de decidir dónde y cómo se estrenan sus cintas, porque son empresas foráneas las que las adquieren. No hay cupos. Dudo que una distribuidora británica se plantee comprar 2, 3 o 20 películas españolas, ni los exhibidores les limitan ese número. Simplemente compran aquello que consideran les resultará rentable. Para bien o para mal (yo creo que para bien) las películas de Almodóvar son adquiridas en todo el mundo, porque es el cineasta español más universal. La industria del cine no se rige por criterios de justicia, sino por los mismos que la de la alimentación o el automóvil: criterios de mercado. Como ciudadano de este reino, me encantaría que se distribuyeran muchas más películas españolas. De hecho muchas salen, se compran (sobre todo para TV) y circulan, aunque sus directores sean mucho menos conocidos. Hace poco Gutiérrez Aragón dijo que gracias a la piratería se podían encontrar en las calles chinas films españoles que nunca se estrenan en sus salas.

O sea, que Smith, como bien afirma Pedro, ha escrito una tontería. Lo que me sorprende es que el manchego, rodando ahora mismito en Lanzarote su nuevo film "Los abrazos rotos", pierda su tiempo -precioso, en buena lógica- para responder a un comentario marginal que descalifica a su autor como cualquier lector medianamente avezado es capaz de entender. Bien es sabido que los críticos viven en general de pontificar sobre lo divino y lo humano.

Quizás Almodóvar está demasiado preocupado sobre todo lo que sobre él se escribe. Entiendo que un texto argumentativo y prolijo -no es el caso del de The Guardian- merezca su comentario, pero vuelvo a insistir, el de Smith es un alegato en favor de que lleguen a Gran Bretaña más películas españolas, no un ataque contra Pedro Almodóvar y su cine. En cualquier caso, tiene razón el cineasta manchego en pedir que le deje a él tranquilo y llame monopolistas a los distribuidores de la "Pérfida Albión" que no compran demasiadas películas no anglosajonas. Por mi parte, sólo puedo expresar el deseo de que salgan en España muchos más Almodóvares con tanto talento para hacer cine y promocionarse como el original.
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