domingo, 24 de febrero de 2008

Siempre nos quedará Berlín

Berlín es un festival al que tengo un cariño muy especial... quizás sea, de los más grandes, mi favorito. Las razones son múltiples: Se celebra en una gran ciudad en todos los aspectos, cosmopolita, cuya vida no se ve condicionada para mal como pueda ocurrir con Cannes, con unos precios que no se disparan tan exageradamente como Venecia, muy bien organizado, manejable, cuyo mercado se celebra con relativa autonomía -en edificios diferentes que los de las proyecciones oficiales- sin incordiar al resto, y en una ahora capital (no hasta la reunificación alemana) cargada de historia.

Me gusta la Berlinale, aunque este año no haya sido nada espléndida en cuanto a su selección a concurso, más bien floja. Cosa rara, mis gustos personales coincidieron con los del jurado, al menos en cuanto al Oso de Oro. "Tropa de élite" era mi favorita. "Pozos de ambición" también estaba bien, pero la cinta brasileira de Jose Padilha, dura y rozando una moraleja cuasi fascista, pero a la vez me temo que demasiado realista, era más fuerte e impactante.

El "glamour" de la cosecha 2008 fue discretito, comparado sobre todo con años pasados. El calendario mundial ha cambiado, con el adelanto de los Oscars, y muchas de las potentes cintas de Hollywood que solían presentarse en Berlín ahora se estrenan antes en medio mundo. Del resto, tampoco nos ofreció un gran nivel. Demasiado título mediocre de puro relleno. Su director, Dieter Koslick, apostó esta edición -demasiado para mi gusto- por cubrir sus lagunas de programación con películas de músicos y sobre música, que le valieron la presencia de los Rolling o Madonna.

Me sorprendió constatar el gran gancho mediático que tiene ya Penélope Cruz, convertida en una de las grandes figuras de esta edición, a pesar de que "Elegy", la cinta norteamericana en la que la dirigió su compatriota Isabel Coixet, decepcionara a la mayoría. Escasísima la "química" entre la madrileña y Ben Kingsley, y aún peor el guión que obvia la carga sexual de la novela original de Roth, imprescindible en este caso para explicar el "encoñamiento" entre ambos personajes centrales, que en la versión fílmica uno no llega a entender.

Fuera, divertido el lanzamiento en el mercado de las dos películas de Steven Soderbergh sobre Che Guevara. La gente de su distribuidora internacional, Wild Bunch, montó un chiringuito con pintadas y carteles procubanos, y un par de carros de los años 50 con los que me cruzaba cada día en el camino del hotel al Berlinale Palast. Parece que les fue bastante bien en preventas de estas esperadas cintas -parcialmente rodadas en España- que seguramente tendrán un lanzamiento general en Cannes.

Ah... olvidaba otra de las virtudes de Berlín: su aeropuerto. Si uno llega a Tegel desde la T4 de Barajas es como salir del peor aeropuerto conocido al más cómodo. O mejor dicho, despegar de Barajas y hacerlo luego de Tegel es comparar infierno y paraíso. De algo diseñado por un arquitecto que debe odiar al transporte aéreo al más racional de los aeropuertos que yo conozco. En la T4 tardas 45 min en llegar a su sala de espera, en Tegel te deja el taxi en una puerta y menos de 50 metros te separan del punto de salida de tu vuelo. Evidentemente no podemos comparar el volumen de vuelos de uno y otro, pero la mentalidad tampoco tiene nada que ver. Y el pasajero lo sufre y mucho.

lunes, 4 de febrero de 2008

Grandeza y miseria de los peliculeros


Parecía que "El orfanato" se lo comería todo... pero no fue así. Una película pequeña, sin rostros conocidos, de presupuesto tirando a bajo, que casi nadie vio.... lograba este domingo los dos Goyas más deseados: mejor película y director. Formo parte de esa legión de no espectadores de "La soledad", pero las referencias de mis amigos son buenas. Sobre todo insisten en que aunque se trate de una película "de autor" no es aburrida, pesada o pretenciosa. Quizás lo mejor de esta movida sea que con suerte ahora los hermanos Morales se animen a reestrenarla.

"La soledad" hizo gala de su título en las salas. Se estrenó en junio, después de pasar por Cannes, pasando desapercibida. Se ha criticado que no tuvo mucha promoción, pero como periodista y ocasional promotor de películas y eventos, considero que tenía todo en su contra. Ni actores ni director conocido, sin tema especialmente original o polémico, sin premios... Es cierto que estuvo en Cannes -y de hecho por eso acertádamente se lanzó justo después- pero lo hizo fuera de la competencia oficial y por tanto su presencia apenas hizo ruido.

Yo siempre quiero creer que parte de la magia del cine consiste en que una buena película, pero buena de verdad, esa que enamora a un 95% de los espectadores, sale a flote y triunfa de una forma u otra, como cuando tiramos al mar un corcho. Ojalá sea este el caso de "La soledad" y su potencial público, el que no llegó a tiempo de verla o ni se enteró que la ponían o jamás llegó a su ciudad, tenga una nueva oportunidad de disfrutarla.

El triunfo sorpresivo -aunque no tanto, porque ya había logrado varios premios críticos previos- de la cinta de Rosales opacó al bendito "Orfanato" de Bayona, sin el cual la gala de los Goya de este año hubiese sido de caras largas y poca celebración. Gracias al éxito de esta opera prima los números del cine español no han sido de sonrojo.

La presidenta de la Academia, Angeles González Sinde, hizo un discurso entre poético y reivindicativo, en plan somos los mejores, ladran luego cabalgamos y esas cosas... No es que uno esperara autocrítica, aparte de que pienso que ésta debería sobre todo plantearse en las reuniones de los productores y en los despachos ministeriales. Pero creo que tampoco es bueno caer en el victimismo, en considerarse los mártires de la cultura. La cruda realidad es que muchos espectadores de cine no se sienten casi nunca atraídos por una película española, y al menos parte de culpa deberá recaer en quienes las hicieron y las hacen. Admito que asumirla no es tarea grata ni fácil.

Dejando aparte los comentarios descalificadores con motivaciones ideológicas antigubernamentales y cosas así, sostengo que otras lecturas críticas de la situación del cine nacional -desde luego la mía- vienen de quienes quieren mejorar lo que tienen y desean conservar de la mejor manera posible. No somos enemigos, aunque la señora González Sinde nos quiera unificar a todos. Lo que estamos pidiendo es que dejen de mirarse el ombligo y se pongan a trabajar por buscar soluciones. Ellos (la Academia), los productores, el Ministerio de Cultura... pero lo que no es de recibo es que las películas españolas que obtengan beneficios en salas se cuenten cada año con los dedos de una mano y sigan haciéndose un centenar largo, en buena parte subvencionadas, para que al final sólo las vean cuatro pirados insomnes a las 2 de la mañana en televisión.

Por lo demás, aunque faltaron figuras como Bardem, su novia "Pe" o Almodóvar, los Goya en su 22 edición tuvieron su "glamour" y hasta sorpresas fuera de guión, como lo del pobre Alfredo Landa, quien presa de nervios o emoción padeció graves lagunas mentales y verbales. No merecía esta despedida, pero a la vez quizás nos de una última pincelada de humanidad, de que además del talento que le ha adornado, finalmente no deja de ser un tipo corriente al que le flaquean las piernas y la mente se le pone en blanco cuando tiene un micrófono delante y centenares de personas enfrente mirando.

jueves, 31 de enero de 2008

El atractivo del francotirador


En el cine o la literatura los perdedores, los "piraos" y los francotiradores lucen mucho mejor que en la vida real. Don Quijote es idolatrado en medio mundo, pero si nos lo cruzáramos por la calle nos cambiaríamos a la acera de enfrente por si acaso... En mi caso y en relación con el cine, simpatizo con esos personajes de carne y hueso que hacen locuras en y por este Séptimo Arte de nuestras angustias, sin darse por ello demasiada importancia (¡odio a todos esos "autores" con mucha más pedantería que talento!), y que desafían lo políticamente correcto.

Jordi Rediu, al que conocí hace unos días en el pase de la película "The ungoldly- Inhumano", es un perfecto ejemplo de tipo inquieto, rebelde, arriesgado, y posiblemente con inclinaciones suicidas en lo económico. Este productor catalán, sin embargo, ha logrado estar detrás de una lista amplia y variopinta de títulos, la mayoría de los cuales partieron de un planteamiento bastante cerrado, para un mercado local catalán.

Eso no quita para que un día se encontrara a un par de gringos en el mercado de Cannes, le pasaran unos cuantos guiones y se embarcara en la loca aventura de coproducir una peli independiente norteamericana, sin tener siquiera él un permiso de trabajo y pasando a los actores españoles con papeles secundarios como turistas, burlando a los de la "migra" y a los sindicatos de allá que son aún más temibles.

La cinta se llama "The ungoldly-Inhumano", es un "psyco-thriller" de autor, una película oscura dirigida por Thomas Dunn, que se presentó en Sitges 2006. Su productor catalán ha tenido que montar una pequeña distribuidora para poder llevarla a unas pocas salas, en un mercado nada propicio a los independentes.

Rediu no tiene problemas en contar estos y otros detalles de su sentido "guerrillero" de hacer cine, pero aún resulta más temible cuando se explaya sobre las cúpula de sus colegas de la FAPAE, con epítetos que no voy a repetir aquí para evitarle una querella criminal.

En su opinión, no pocos de esos colegas van a la busca de la subvención a fondo perdido y la amortización de sus cintas antes de estrenarlas, de manera que no invierten un euro más de la cuenta en promoción y así obtienen los lamentables resultados comerciales que todos conocemos para la gran mayoría de las películas nacionales.

En desacuerdo con la citada FAPAE, Jordi Rediu cree que la Ley de Cine aprobada el pasado año por el Parlamento español ha nacido muerta y que no ayudará a cambiar el triste panorama al que nos enfrentamos. Por el contrario, piensa que lo más sencillo y efectivo hubiera sido copiar al pie de la letra la ley homónima francesa, ya que en ella el Estado subvenciona a partir de los propios ingresos de la industria no sólo a productores, sino también a exhibidores y distribuidores, de manera que todos se benefician de la teta pública y el interés es solidario por estrenar y programar cine nacional.

Mis conocimientos de las legislaciones española y francesa son bastante escasos, me limito -en esto- a transcribir lo que escuché en aquel pase, junto a muy pocas personas más y el responsable de la sala, que nos dio el punto de vista de su gremio, al que muchos apuntan como si del "malo de la película" se tratara y que simplemente defiende su negocio, exactamente igual que los demás.

No es ese el único proyecto internacional de Rediu, para el que el ansia de hacer cine no conoce fronteras. Unas pocas de sus películas han dado dinero, pero él sigue en la brecha con menos ayudas que la mayoría. Que tenga suerte...

martes, 22 de enero de 2008

¡Bien por Javier y Alberto!


Empieza bien el año para el cine español. Una gran noticia después del más bien nefasto en términos económicos 2007, donde apenas "El orfanato" y un par de títulos más se han salvado de la quema en las salas comerciales. Javier Bardem y Alberto Iglesias -si bien ambos en producciones foraneas- han recibido sendas candidaturas al Oscar. Lástima que no haya presencia latina en la categoría extranjera, donde este año arrasan las cintas del Este. Por otra parte, acabo de ver la taquilla del pasado fin de semana, que muestra a "Los crímenes de Oxford" en cabeza y "El amor en los tiempos del cólera", protagonizada por Bardem, segunda.

Me alegra que la película de Alex de la Iglesia haya debutado tan bien, aunque muy lejos del taquillazo de "El orfanato", que empezó su andadura con casi 6 millones de euros, frente a los 2,24 del "thriller" que protagonizan Elijah Wood y John Hurt. Bien es cierto que esta última se estrenó en casi 100 salas menos que la peli de terror de Bayona. Veremos si es capaz "Los crímenes de Oxford" de mantenerse bien en las próximas semanas y los fans del director vasco no quedan un tanto decepcionados -como le pasó a servidor- con su nuevo trabajo.

La segunda plaza para "El amor en los tiempos del cólera" demuestra que Javier Bardem tiene tirón por sí mismo para atraer espectadores, por mucho que la acogida crítica haya sido más bien fría y el público norteamericano tampoco la haya apreciado mucho. Aquí también el próximo fin de semana aclarará mucho las cosas.

Volviendo a los Oscars, parece que Javier tiene todas las de ganar, aunque yo sería menos optimista respecto de Alberto, que tiene que lidiar con oponentes de mayor enjundia. En cualquier caso, mi conciudadano donostiarra está ya más que consagrado entre los mejores músicos para la gran pantalla del cine contemporáneo, y las puertas seguirán para él abiertas en todo el mundo.

Ahora todos estamos pendientes de qué pasará con la ceremonia en sí de los premios de la Academia norteamericana. Imagino que los guionistas en huelga podrían ser más conciliadores con esta institución que con la Asociación de la Prensa Extranjera que organiza los Globos. Al fin y al cabo ellos forman también parte del primer organismo, aunque bien es cierto que el golpe propagandístico que darían cargándose la gala haría mucho ruido para su causa. Los productores gringos, que han alcanzado un acuerdo ya con los realizadores, deberían ser menos cicateros con los amigos de la pluma y acceder a sus peticiones para que la industria, casi paralizada, vuelva a ponerse en marcha. Al menos a mí me tienen un tanto jodido con varias de mis series favoritas ("Dexter", "Héroes", "Dirty, sexy, money"...) en el dique seco.

miércoles, 16 de enero de 2008

Premios y candidaturas


No pudo ser para "El orfanato" en la selección para el Oscar a mejor film en lengua no inglesa, y desde luego no seré yo el sorprendido, ya que las pelis de género -en este caso las de terror- son muy comerciales, caen bien al público, pero por muy bien hechas que estén no dejan de ser vistas con cierto desprecio por académicos y críticos, que prefieren otro tipo de cosas.

La gente de la película (por cierto, el otro día me soplaron que en el rodaje hubo casi hasta palos entre el equipo, sobre todo entre los veteranos -pocos- y los noveles -la mayoría-, aparte de paradas por la falta de liquidez económica -y ya ven los millones que después ha logrado...) se emocionó demasiado, pero me da que los demás no dábamos un duro por la posibilidad de que fuese elegida ni siquiera como finalista.

Fíjense que incluso una auténtica favorita, como "Persepolis" ha sido igualmente rechazada, digo yo que por ser de animación... Los vejetes que se dedican al Oscar extranjero son duros de pelar. En cambio han incluido a la brasileira "El año en que mis padres se fueron de vacaciones", que cumple con toda una tradición de cintas ternuristas, con mensaje, emotivas y comprometidas que han recibido esta estatuilla durante años. A mi me gustó cuando la ví hace un año en Berlín, y en Santo Domingo, donde estuve de jurado, le dimos el premio principal, así que le deseo mucha suerte.

Hablando de premios, el otro día, cuando a Bardem le dieron ese Globo desinflado de cualquier atisbo de "glamour" estelar, en Radio Nacional entrevistaron a Angeles González Sinde, la presidenta de la Academia (el propio actor estaría durmiendo a esa hora en EEUU) y la pobre, quizás dormida aún por ser primerísima hora de la mañana, dijo que no tenía un efecto beneficioso especial el galardón para el cine español.

Querida mía... Si algo le falta al cine español es que se hable de él, y no mal como de costumbre. Y eso incluye a sus profesionales. Desde mi punto de vista los éxitos personales de gente como Bardem, Penélope Cruz, Almodóvar y tantos otros hacen que el mundo sepa que en este país hay gente trabajando en el cine y que no lo hacen tan mal. O sea que clarísimamente sí es bueno para nuestro cine que Javier acumule premios, por mucho que los tenga en una peli gringa.

Imagino que González Sinde tiene la cabeza demasiado ocupada estos días con la próxima Gala de los Goya, en la que alguien tendrá que dar -puede probar ella misma- explicaciones sobre la pérdida de espectadores y de cuota de mercado del cine español durante 2007, aparte de bendecir a Guillermo del Toro por "El orfanato", sin el cual las cifras nacionales hubieran resultado simplemente sonrojantes.

jueves, 10 de enero de 2008

Los crímenes anónimos de Alex de la Iglesia


"Los crímenes de Oxford" es la película de Alex de la Iglesia que menos parece de Alex de la Iglesia. Como si el cineasta -director y guionista- vasco quisiera subrayar uno de los mensajes de su cinta, que nada es verdad, que las apariencias engañan y que toda prueba puede ser falsa, ha filmado un "thriller" con elementos filosófico-matemáticos como si fuese un trabajo de encargo en el que sus "tics" personales debían diluirse sin dejar casi huella.

Este jueves he visto por fín la esperada nueva obra del admirado director de "El día de la bestia" y "Crimen ferpecto", en la que para hallar algo del humor negro e iconoclasta que siempre ha caracterizado a De la Iglesia debemos acudir con un cerdo especializado en detectar trufas blancas.

Los "thrillers" de asesinatos en serie con extrañas motivaciones que tocan lo místico, lo religioso o como aquí lo intelectual están de moda. Alex, al que he seguido con amistosa atención desde que Pedro Almodóvar le produjo su opera prima hace década y media, quiso afianzarse en el cine internacional años ha de la mano de un personaje de nuestra infancia común, el mítico Fú-Manchú, un genio del mal aún no reciclado por el Séptimo Arte contemporáneo. Aquel proyecto fracasó por su alto coste y quizás también por la ineptitud o mala suerte del productor español de turno que no logró financiamiento a pesar de pasear el proyecto por festivales y mercados y tener a bordo a Jeff Goldblum.

Han tenido que pasar cerca de diez años para que el vizcaino haya logrado hacer realidad otro proyecto internacional de peso, sin salirse sobre el papel del elemento criminal que ha estado en muchas de sus películas, sólo que aquí el estilo es diferente. De hecho no es que no sea un estilo De la Iglesia, sino que directamente la realización se borra puede que en honor de la trama, aunque dejo estas apreciaciones a los críticos. Yo soy un simple periodista, amante del cine y que suele disfrutar con las películas de mi compatriota.

Y no es que esta vez no lo haya hecho. Cuenta con un "casting" internacional y de lujo (Elijah Wood y John Hurt), por mucho que la producción haya sido mayoritariamente española de nuevo. "Los crímenes de Oxford" podría ser un bastante correcto film británico o norteamericano, aunque se le pondrían peros en base a su trama rebuscada y con detalles traídos por los pelos. El director respalda la intención del guión de engañar al espectador o de demostrarle que se equivoca a base de pequeñas trampas en las que se cae irremisiblemente. Sí, es un film bastante tramposo. Pero también tiene su lógica, porque se trata de entrar en el juego de la novela y la película, la insoportable relatividad de todo, lo equívoco de las apariencias y la negación de reglas matemáticas o de otro tipo que rigen comportamientos humanos y sucesos naturales o artificiales.

Probablemente Alex ha querido con esta película jugar, no como alguno erroneamente podría pensar para abrirse camino en el cine internacional, porque posiblemente causara más impacto con "Perdita Durango" que con esta no muy inspirada "Los crímenes de Oxford", donde -eso sí- es difícil no caer rendido ante Leonor Watling, que nos descubre una nueva y sabrosa receta para comer espaguetis y se pasea ante la cámara sólo vestida con un delantal de cocina incapaz de abarcar sus cálidas formas. Ahí si detecté la afición gastronómica -también compartida- de Alex.

A ver cómo se vende "Los crímenes de Oxford" y qué respuesta recibe en la taquilla nacional. Quisiera equivocarme pero no sería ahora mismo demasiado optimista. Las ventas internacionales, por el elenco y la intriga de moda, sí deberían dar resultados por encima de la mayor parte del cine español.

viernes, 4 de enero de 2008

Fantasmas en el cine español



Algo va mal. Algo sigue yendo mal, quizás, en el cine español. A pesar del millonario éxito de "El orfanato", convertido en fenómeno tan irreal como alguno de sus personajes, el número de espectadores ha bajado en cerca de 6 millones. Es cierto que la afluencia total a las salas cayó en 2007 en más de 20 millones de espectadores respecto del año precedente, pero sobre todo no deja de ser relevante el hecho de que en los últimos años siempre ha tenido que haber o un milagro como "El orfanato", otro como "El laberinto del fauno", o películas de Almodóvar o Amenábar para sacarnos las castañas del fuego.

En Estados Unidos consideran que una película funciona cuando en las taquillas queda amortizada, antes de venderse para TV o DVDs. Eso quiere decir que deducidos los gastos de distribución y exhibición (o sea el 50% de lo recaudado), cubre sus costos de producción. Si aplicáramos esta norma, en España durante el año recién terminado nos sobrarían los dedos de la mano para contar cintas que hayan realmente funcionado comercialmente. El presupuesto medio de una película nacional debe de andar en torno a los 2-3 millones de euros. Si nos fiamos de las cifras del Ministerio de Cultura sólo tres títulos - "El orfanato", "REC" y "Las 13 rosas"- habrían cubierto lo invertido con lo que los espectadores dejaron en los cines. Y no hay que olvidar que la producción española supera holgadamente los 100 títulos.

Por supuesto, los productores, que se benefician de generosas ayudas oficiales y muy rara vez llegan a jugarse su propio dinero en la aventura de hacer cine, dirán que la culpa la tienen las multinacionales norteamericanas, que tienen marginada a la producción nacional y monopolizan las pantallas y probablemente nunca entonen un "mea culpa" ni asuman la más mínima crítica sobre su "olfato" a la hora de sintonizar con el público.

Me parece sintomático que tenga que venir un señor mexicano llamado Guillermo del Toro para dirigir y producir respectivamente dos de los mayores taquillazos españoles de estos últimos años, y que sea él mismo quien apostando por jóvenes talentos sin apenas experiencia haya logrado quedar en términos absolutos con "El orfanato" en el segundo puesto de las películas más taquilleras del año, sólo superado por una superproducción de Hollywood.

Si la película de Bayona ha podido llegar donde ha llegado lo podría hacer otra cinta nacional. No se si la clave está en hacer películas de terror como "El orfanato" o "REC" -espero que no- pero ahora que además de las facilidades previas los productores españoles tienen una Ley de Cine hecha sobre todo a su medida, deberían ponerse las pilas y aparte de films de autor de una alta calidad artística (que dicho sea de paso no se hacen tantos) sean capaces de estudiar los deseos del público y satisfacerlos. Salvo que quieran ser toda la vida unos mantenidos por el erario público, para lo cual puedo sugerirles que en lugar del cine hagan oposiciones para funcionarios del Estado. Al menos a algunos de esos si los vemos con cierta frecuencia tras la ventanilla.

viernes, 21 de diciembre de 2007

Spam navideño


Uno es de natural nostálgico. Porque al fin y al cabo lo que hemos vivido es nuestro, es nuestra historia, nos pertenece. El futuro, por contra, está en el limbo y no se sabe qué dará. Y el presente es normalmente lo jodido, la resolución diaria de los problemas con los que el destino nos entretiene.

No voy a castigarles con reflexiones filosóficas a estas intempestivas horas. Sólo quiero recordar los viejos christmas ahora que el correo de nuestra redacción rebosa de felicitaciones con enlace a una bonita animación flash.

Todavía recuerdo cuando uno iba a comprar las tarjetas de felicitación navideña, mejor las de Unicef, que aunque eran más caras correspondían exactamente con el espíritu tendenciosamente humanitario del momento. Y te pasabas una tarde rellenándolas, metiéndolas en su sobre, pegando el sello, para al día siguiente ir a Correos a dar trabajo extra a los carteros.

Ahora, en cambio, prevalece la cutrez de sacar de alguna parte una animación vulgar aún menos original que las felicitaciones de los artistas que pintaban con los pies o la boca, y a descargar la libreta del outlook inundando los buzones ajenos con los buenos deseos y "con esto y un bizcocho, feliz 2008"...

A mi me parece una especie de spam más o menos cordial pero finalmente para deprimir a cualquiera. Entiendo que las empresas con las que uno trafica durante del año no se tomen la molestia más que de rebotarte la animación de marras como a 647 clientes más, pero lo que sí me jode es que mis amigos hagan justamente lo mismo.

Antes de la época del bendito internet, aunque repitiéramos los consabidos mensajes de generosos deseos, se escribían a mano. Había un esfuerzo detrás, una prueba de que prevalecía un cariño o una amistad que justificaba esos minutos y la saliva del sello. Ahora basta con copiar y pegar, un clic y tus 20 contactos más personales reciben la misma felicitación digitalmente idéntica, aséptica, impersonal y fría como un pixel.

Ciertamente, la Navidad no es lo que era. Y no me refiero al precio del pavo o que el besugo se haya extinguido. En realidad, queridos amigos, nada es lo que era. Esperemos al menos que tampoco sea lo que será. Dicho lo cual, les felicito de manera personal y única a cada uno de ustedes por tener la gentileza de haber perdido unos minutos leyéndome...

miércoles, 19 de diciembre de 2007

Los penúltimos de la fila


En el tinglado del cine, los guionistas son los parientes pobres, los penúltimos de la fila. Ahora están de huelga en Estados Unidos, y con el impacto mediático del asunto, sobre todo cuando se aproximan los Globos y los Oscars, con ceremonias que pueden sufrir dificultades, la profesión se está sacudiendo las pulgas en medio mundo.

En el movimiento de los escritores de cine hay una reivindicación económica lógica, la de cobrar porcentajes razonables por la explotación de los nuevos formatos digitales, y otra para mí más importante, que no se si al final se resolvería también con dinero: la reivindicación moral de su peso en la industria.

Nadie duda del peso específico que una estrella puede tener en el éxito comercial de un film. La última de Will Smith es la más reciente prueba. Pero, ¿cuántas grandes películas que todos recordamos, nuestros títulos de cabecera, son por encima de interpretaciones y realizaciones, grandes historias? Sin duda, la aplastante mayoría. Y, sin embargo, resulta que frente al sueldo de una primera figura, un guionista de prestigio en caso de cobrar el 10% sale pegando botes de alegría.

Si a un actor se le pagan 10 o 20 millones de dólares es precisamente porque los productores son conscientes de su importancia. El reconocimiento dinerario proviene de una previa asunción moral de ese peso. En el caso de los guionistas, se les paga poco y mal porque no parecen importantes. Y no es cosa sólo de Hollywood. Yo recibo en la redacción numerosos comunicados sobre nuevos proyectos, rodajes o estrenos, españoles y latinoamericanos, donde no hay forma de saber quién escribió la película o su nombre aparece en el último párrafo. Si lo hizo el director, se asume que hablar de él como responsable del film lo cubre todo, y si no, da la sensación que para los productores el guión es un elemento que merece el mismo respeto que la cámara con la que se filma. Algo que se compra o se alquila, punto final.

Lo paradójico es que -como el caviar o las angulas- un buen guión es un bien escasísimo, que no se valora moralmente ni se cotiza en metálico, y frecuentemente se manipula en el rodaje y se ignora en el lanzamiento de la película. Me sorprendió ver que Akiva Goldsman, escritor de films como "El código Da Vinci", "Yo robot", "Una mente prodigiosa" o "Tiempo de matar", participaba junto a Will Smith y Francis Lawrence en la promoción de "Soy leyenda". Se ha hecho un hueco, pero su caso no es nada frecuente. Apenas vemos el pelo a los guionistas en las ruedas de prensa de las películas, salvo que sean directores además. Y, ¿cuántas veces el realizador de un texto ajeno no actúa como si fuese el autor único de la película?

En fin, que como ven simpatizo con la lucha de los escritores de cine y pienso que el día que aquí se unan realmente y exijan sus derechos, muchos se van a poner a temblar. Como en Estados Unidos.

sábado, 15 de diciembre de 2007

Sobre la promoción, Will Smith y una falla valenciana en Madrid


Una de las actividades que periódicamente desarrollo es la promoción de eventos relacionados con el cine, sobre todo festivales, y más puntualmente, de películas. Cuando uno pasa años siendo objeto pasivo, receptor de informaciones y comunicados difundidos por productoras y distribuidoras, acaba asumiendo hasta qué punto esa labor se realiza de mala manera, con un notable desconocimiento sobre las necesidades del potencial cliente, o sea nosotros, los periodistas. Pienso que esta constatación me ha llevado a buscar la forma de hacerlo con mayor racionalidad y eficiencia, y de ahí que suela dictar seminarios sobre promoción de cine en varios países (por ahora Colombia, Venezuela, y República Dominicana, aparte de España).

Siempre digo a mis alumnos que en la promoción de cine se dan circunstancias originales que se no producen en otras actividades comerciales. Una obligación primordial del que vende un producto es conocer a su comsumidor, sus costumbres y necesidades. Al partir de un error de planteamiento de sus jefes, el que promociona no es periodista o no tiene experiencia en este ramo, es incapaz de generar productos (comunicados, press-books...) realmente útiles o tan útiles como podrían ser de estar bien hechos. Imagínense que un fabricante de coches se conformara con poner en el mercado productos mediocres, y que lo hicieran igual de mediocres una firma china como la mayor y mejor fabricante de automóviles de Alemania o Detroit. Pues eso es lo que ocurre con el cine. Promocionan mal las empresas españolas o latinoamericanas, pero igualmente mal lo hacen las multinacionales de Hollywood.

Todo esto viene a cuento de la visita de Will Smith a Madrid. Para el "photo-call", o sea el posado del actor ante los medios gráficos, la gente de la Warner le puso lo que yo llamaría una especie de falla valenciana humeante, que pretendía reproducir un coche abandonado en una calle de Nueva York como los que aparecen en la película, "Soy leyenda". Aparte de que en la película los carros no humean, porque llevan años abandonados, no deja de ser ridículo que me pongan al pobre Will delante de ese lamentable chiringuito, como si no bastara con él mismo para despertar el interés de los medios. Si se trata de llamar la atención, podían haberle pedido al actor que se subiera a un arbol o saltara sobre alguna de las camareras del hotel, por seguir con el cachondeo... La prueba de que la falla tuvo poca utilidad es que la mayoría de las fotos publicadas del acontecimiento mostraban simplemente la sonriente cara de Will, y no el tinglado que habían preparado.

La película, otra muestra de la originalidad imperante en la meca del cine, que es capaz de "remakear" un "remake" ya "remakeado" (perdón señores de la Real Academia), se puede ver. Sus efectos especiales son espectaculares. Tanto que llega un momento en que preferiría que Will Smith y su pobre perra desaparecieran de la pantalla para seguir viendo las desoladas calles de Manhattan, a modo de documental turístico-futurista y apocalíptico. Eso sí, los humanoides mutantes hechos por ordenador dan bastante el cante a pixel y por tanto pierden credibilidad. Cuando esto se perfeccione, como se descuide Will le van a sustituir por una recreación informática y su millonario sueldo se repartirá entre programadores y diseñadores. ¿De qué vivirá entonces su representante? Lástima me da...
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