El pobre Mamerto, o quien fuese, había tenido la brillante idea de celebrar el evento a final de año, así que nos tocó comer las uvas en aquel hotel de la Costa del Sol, y allí estaba él, con su alta y rubicunda esposa. Conocer en persona a Kung Fu fue algo muy especial para mí, que había forjado mi pacifismo en las enseñanzas del maestro del "Pequeño saltamontes". O sea que era un adolescente cuando pusieron la serie en la tele única del Caudillo.
Y es que a Carradine todos en mi degeneración le llamábamos Kung Fu, aunque ese no fuera el nombre de su personaje, sino el de la propia serie. En persona, era un tipo alto (su mujer igual), bastante más relleno en aquel momento que en sus últimos años, que bebía como un secante. Imagínense a que velocidad corrían los rumores entre los que trabajábamos en el festival sobre los cargamentos de vodka que consumían él y su señora. No obstante, como muchos bebedores profesionales, sabía mantener la compostura. Le recuerdo yendo a descargar la vejiga y sabiéndose observado por todos nos sonreía y hacía un signo con el pulgar, como diciendo "todo está OK".
No he podido dejar de pensar en aquel día y aquel festival, este jueves en el que hemos conocido la noticia de que el actor norteamericano pasó a mejor vida, al parecer por su propia mano. Como bien me recordaba mi compañero y sin embargo amigo Manolín Bellido, que ha estado revisando las imágenes que grabó aquel año para la cadena en la que sigue trabajando, muchos de los protagonistas de aquel certamen de hace casi 20 años ya no están en este valle de lágrimas: Ni Jean Negulesco, que ya estaba muy mayor entonces, ni Peter Viertel, guionista de "La reina de Africa" -ambos residentes en la costa malagueña-, ni tampoco Mamerto, al que aquel festival se le fue de las manos y de presupuesto. Ellos y David Carradine se han vuelto a reunir ahora en el Olimpo de la gente que fue feliz haciendo cine y regalando sus sueños al resto de la humanidad.
No hay comentarios:
Publicar un comentario